AMLO, de los “vivas” a los “mueras”

DOMINGRILLA
EL GRITO DE LOPEZ OBRADOR
DE LOS “VIVAS” A LOS “MUERAS”
EL QUÍMICO: TODO, POR SI ACASO

FRANCISCO CHIQUETE
Cada presidente añade o quita lo que se le ocurre u obsesiona, cada vez que encabeza una ceremonia conmemorativa de independencia. Los reglamentos dicen qué se debe decir, pero no prohíben hacer añadidos.
Por ello además de vitorear a héroes que nos dieron patria, a Hidalgo, Morelos, doña Josefa, Allende y Aldama, se han añadido otros personajes y otras expresiones. Echeverría lanzó un viva el tercer mundo que fue escuchado con escepticismo por académicos, historiadores y empresarios; José López Portillo metió más héroes criollos, De la Madrid vitoreó a la Renovación Moral, Salinas se extendió a los Niños Héroes, a Juárez y a Zapata; Zedillo incluyó vivas a la libertad y la soberanía; Fox vitoreó “los acuerdos para la unidad nacional”; Calderón al bicentenario de la Independencia y al centenario de la Revolución; Peña a la solidaridad de los mexicanos con Chiapas y Oaxaca (acababa de ocurrir un grave sismo, en 2017).
En general la conmemoración del grito ha sido siempre constructiva: viva esto, viva aquello. Sólo Andrés Manuel López Obrador ha ido en sentido contrario, con tres llamados irreprochables: Muera la corrupción, el clasismo y el racismo. Nadie puede decir que está contra eso, pero se revela el ánimo de destrucción más que de construcción (ya ven ustedes el aeropuerto de Texcoco, el Seguro Popular, los fideicomisos, el Fonden).
Sólo un antecedente se tiene en este renglón, y es muy importante: en la noche del grito original, don Miguel Hidalgo y Costilla lanzó un muera, según la tradición: “¡muera el mal gobierno!”. Pero eso ningún presidente lo ha querido hacer suyo.
Varios de los gobernadores de Morena han hecho de las suyas con expresiones como “Viva la cuarta transformación. En Sinaloa lo hizo Rubén Rocha Moya en este, su primer grito. En Nayarit se fueron de paso con la modificación de los colores patrios, sustituyendo el verde y el rojo con un guinda demasiado evidente. Al final cayó un funcionario menor y el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero se disculpó. En realidad es una tendencia, un apetito que aparece y lo bajan, pero vuelve a aparecer.
Aquí en Sinaloa habían puesto la leyenda Sinaloa con color guinda en los tenis que el gobierno del estado entregó a estudiantes de escuelas oficiales, y cuando se denunció, la Sepyc tuvo el buen tino de corregir, pero en cambio en Cobaes la publicidad dirigida a nuevos estudiantes y a su comunidad en general, apareció con colores modificados para incluir el guinda en las partes sustanciales del mensaje. A Santiago Inzunza no lo regañó nadie. Lo mismo sigue haciendo el Icatsin, que dirige Eligio López Portillo.
Pero volviendo al grito de independencia, en Mazatlán hubo un caso curioso: el alcalde Luis Guillermo Benítez Torres enfrentó problemas de dicción derivados, al parecer, de un malestar pasajero que lo obligó a suspender su parlamento en plena ceremonia, para ingerir un líquido que sus asistentes le acercaron (o era agua o era algo muy medicinal), pero además, en la ceremonia conmemorativa de la Independencia, incluyó a los héroes de la Reforma, a los de la Revolución, y de paso a la Cuarta Transformación.
Muchos pensaron que en pleno efecto del susodicho malestar transitorio, perdió conciencia de las fechas y revolvió todo. Otros en cambio consideran que fue como el título de aquella canción: “por si no te vuelvo a ver”, y adelantó ceremonias que quizá ya no alcanzaría a encabezar, aunque él dijo que sólo enfermo o muerto dejaría de hacerlo.
LA SOMBRA DEL EJÉRCITO
En la ceremonia de los Niños Héroes, el secretario de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval advirtió que las fuerzas armadas “sabrán discernir de aquellos que con comentarios tendenciosos generados por sus intereses y ambiciones personales antes que los intereses nacionales, pretenden apartar a las fuerzas armadas de la confianza y el respeto que deposita la ciudadanía en los hombres y mujeres que tienen la delicada tarea de servir al país”
La molestia del jefe militar era muy evidente: las críticas que se hacen, sobre todo con advertencias sobre el riesgo en que están los derechos humanos por la militarización del gobierno, le resultan inaceptables. No son vistas como una práctica de las libertades de conciencia y de expresión establecidas en nuestras leyes. Esa es precisamente la queja de muchos grupos de la sociedad civil, quejas respetables y atendibles, incluso en un contexto en que las fuerzas armadas reciben elevados porcentajes de aceptación popular en sus tareas policiacas.
Hubo un último punto preocupante en ese discurso: el seccionamiento envuelto en este párrafo: “la patria requiere de una sociedad unida, en donde los sectores político, económico, social y militar que la integran actúen sumando esfuerzos y voluntades para coadyuvar hacia el objetivo común que es México”.
Ya hay muchas personas que no lo alcanzaron a saber, pero después de la revolución y hasta los años cincuentas o sesentas, el partido predominante, que era el PRI, estaba integrado por cuatro sectores: el obrero, el popular, el campesino y el militar. En aras de la civilidad, ese último sector desapareció y los militares fueron compensados con el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, que se diluyó tras la insurgencia del cardenismo que encabezó Cuauhtémoc.
El hecho es que esta reaparición suena a reminiscencia, a regreso al pasado, que cuestiona los juramentos que niegan cualquier aspiración a hacerse del poder. Segundamente son ciertos, pero tienen sus asegunes de protagonismo.
LAS TRISTEZAS DE ALITO
Con frecuencia, mi amigo y maestro Rafael Franco repetía una frase sentenciosa: “Roma utiliza a los traidores y luego los desprecia”.
Viene a cuento porque el amorcillado dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, terminó de mostrar el cobre entregándose al gobierno de Andrés Manuel López Obrador con una iniciativa de ley que extiende la estancia legal del Ejército en las calles, ejerciendo labores de seguridad pública. Con ello el PRI asumió como propia la disposición de militarizar al país, incumplió la moratoria constitucional en esa materia y de paso, rompió cualquier posibilidad de que la oposición vaya unida a las elecciones de 2023 y sobre todo la presidencial del 2024.
Para justificarse, Alito dijo que era en atención al sentimiento de la sociedad, que considera a las fuerzas armadas como la única vía para mejorar la seguridad, pero la verdad es que el exgobernador de Campeche pactó con el presidente y su partido para evitar que lo lleven al desafuero y de ahí a la cárcel.
El propio presidente lo dijo indirectamente en una mañanera reciente. Hablando de esa extensión del tiempo para que el ejército haga tareas policiales, AMLO dijo “¿qué estoy haciendo? Dejando un espacio para que quienes me sustituyan cuenten con el ejército y puedan seguir avanzando en el combate a la inseguridad”, se preguntó y respondió el presidente, quien dijo que dado el tiempo que le queda en el gobierno, pudo nadar de muertito y dejar las cosas así: el plazo legal se vence en marzo “y yo me voy en septiembre (del 2024), no me costaba nada dejar así las cosas, pero no, no era responsable hacerlo así”.
Se entiende, pero formalmente fue el PRI el que hizo la propuesta de esa ampliación. ¿Por qué el ´presidente dice “¿qué estoy haciendo yo?” Una vez conseguido el propósito principal, lo que sigue es exhibir al personaje que compraste. En el mundo del machismo es importante conseguir los favores de la mujer ansiada, sobre todo si es notoria o famosa, pero todavía más importante es que se sepa. Y ahora ya se sabe lo de Alito.
DOS SINALOENSES
La diputada federal mazatleca Paloma Sánchez subió un post diciendo que
“El PRI está a favor de la ALIANZA. Ojalá que los sentimientos de la ultra derecha no terminen imponiéndose para destruirla
El PRI tiene la mano extendida que NO sea su odio anti-priísta el que orille a que termine ganando Palacio Nacional. ¡O gana la ALIANZA O gana AMLO!
Ese es el clásico grito de “¡al ladrón! ¡al ladrón!”.
En cambio el también sinaloense Heriberto Galindo Quiñones se dijo deprimido por lo que está pasando en su partido, decepcionado (por los votos priístas sumados a Morena) y estableció que “en el PRI no todos somos Alito”. Así de sencillo se desmarcó de las barbaridades que están ocurriendo bajo el mando de Alejandro Moreno, según aparece en la columna de Francisco Garfias, en Excelsior. Claro que hay una gran diferencia de formación cultural y de experiencia política entre el veterano Heriberto y la aún joven Paloma, que forma parte de la cerrada corte de Alito. Faltan más militantes tricolores con la definición de Heriberto.
UNA SECRETARIA OFENDIDA
Durante las últimas dos semanas en Culiacán corrió fuerte el rumor de que se iba la secretaria de Educación Pública y Cultura, Graciela Domínguez Nava. Algunos decían que el gobernador estaba enfadado con las fallas y conflictos que se han suscitado en el sector, y que el vaso se derramó con las polémicas suspensiones de clases, cuyos avisos no llegaron a tiempo a padres de familia y alumnos. El gobernador Rubén Rocha Moya externó esa queja en público y se dolió del costo político que el episodio le generó.
Pero también hay quienes dicen que no es el gobernador el que quiere hacer el cambio, sino que Graciela está muy ofendida porque sus esfuerzos son “correspondidos” con balconeadas como esa, por lo que ha pensado seriamente en presentar la renuncia, sino es que la entregó ya, con carácter opcional.
Es seguro que doña Graciela en efecto, esté ofendida, pero eso no la va a hacer que presente su renuncia, como tampoco habría fallas o costos que lleven al gobernador a tomar una decisión tan extrema con quien ha sido una de sus principales colaboradoras. Seguramente el asunto va a quedar ahí, pero normalmente esos desencuentros dejan fisuras en los equipos.

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