El compromiso de Rocha Moya: pacificar a Sinaloa, su mayor reto

EN LA GRILLA

El compromiso de Rocha Moya: pacificar a Sinaloa, su mayor reto

FRANCISCO CHIQUETE

El gobernador electo Rubén Rocha Moya se echó a cuestas el compromiso más importante para el periodo de gobierno que encabezará a partir del 1 de noviembre: pacificar al estado y quitarle el estigma del narcotráfico.

Sin restar importancia a las presas y sistemas de irrigación, puentes y carreteras que todos los gobernadores entrantes han comprometido con los presidentes que los designaron o impulsaron, el tema de la seguridad es algo demandado por la sociedad desde hace décadas, y en todos los casos ha recibido respuestas incompletas, algunas con resultados francamente deplorables, como las del periodo comprendido entre 2007 y 2016.

El propio presidente Andrés Manuel López Obrador, tan reacio a cualquier expresión autocritica, reconoció la grave situación que se deriva de la inseguridad. SI no conseguimos la pacificación, dijo, nuestro gobierno no tendrá una validación en la historia. Eso, cuando todavía no se alcanza la mitad del sexenio, es un severo grito de alerta.

Sin embargo, en esa misma oportunidad el presidente ratificó que no está dispuesto a cambiar la estrategia asumida hasta ahora, y que se puede resumir en la famosa frase “abrazos, no balazos”, la misma que hasta ahora ha fracasado y que sin variaciones, no tendría posibilidades reales de transformar el fracaso actual en e éxito que el presidente espera.

Si Rocha Moya quiere cumplir con ese compromiso, tendrá que establecer medidas compensatorias que ayuden a obtener la pacificación tan deseada, y desarrollar esas medidas tan hábilmente, que no parezca jugar las contras o desapegarse de la estrategia nacional.

Sinaloa es un estado exitoso en el combate al delito. Pero ojo, exitoso no quiere decir que alcanzó las metas, sólo que redujo las cifras de manera importante, sobre todo aquellas que tienen que ver con los asesinatos dolosos. Salimos de los primeros lugares en las cifras nacionales y en algunos casos andamos a media tabla en la lista de estados, o incluso en el último tercio, pero eso no quiere decir que ya no halla crímenes ni desapariciones forzadas, de modo que la tarea es impresionante, por más positivos que sean los logros.

Rocha Moya debe conocer perfectamente los datos del registro violento en la entidad. Seguramente conoce la limitación en los recursos que el gobierno federal asigna a los estados y municipios en el ramo de la seguridad, de modo que no será fácil que haya resultados tan definitivos como los que se propone el gobernador electo.

No es el primer gobernador que se propone algo tan importante como el retiro del estigma que nos genera el narcotráfico. Antes se lo planteó Mario López Valdez, quien falló estrepitosamente, a pesar de que, como muchas de sus iniciativas gubernamentales, se trataba de una concepción superficial, que se buscó alcanzar con la súplica a los medios de comunicación, de cambiar el nombre al cártel de Sinaloa.

Aunque usted no lo crea, eso era todo. Insistir ante el New York Times, el Washington Post, Le Monde, las televisoras nacionales y los periódicos y portales, que tuviesen compasión para una entidad habitada por gente buena. Del combate al narcotráfico, de la lucha por la seguridad, nada tampoco. Sólo la súplica vana y superficial.

Rocha tendrá que emplearse a fondo para lograr algo trascendente, que de paso ayude a alcanzar otra meta personal e íntima, como es la desaparición del episodio electoral en que las brigadas del crimen organizado jugaron un papel trascendente,

Ojalá por Sinaloa y por todos los sinaloenses, que se alcance esa meta ambiciosa. No se necesitará ninguna otra acción para trascender.

TIEMPOS DIFÍCILES

Por lo pronto, para el gobierno saliente se viven momentos difíciles por los repuntes violentos que han registrado tanto el norte como el sur de la entidad. Son por cierto momentos que deben hacer reflexionar a quienes están por entrar al relevo, porque van marcando el tamaño del reto a que se van a enfrentar.

En el norte del estado, en el municipio de Sinaloa, se registró un doble asesinato en hechos separados. Se trata de esteban López, activista de la izquierda, y de José Ramón Rubio López, reciente candidato a diputado por Morena en el sexto distrito. Se trata de asesinatos que sacuden a la sociedad por la notoriedad de las víctimas.

Ha habido diversos pronunciamientos, todos condenatorios, incluso del gobernador Quirino Ordaz Coppel, quien decidió acudir a presentar sus respetos a las familias de las víctimas, y del gobernador electo Rubén Rocha Moya, quien se refirió al caso de su compañero de fórmula y exigió la aplicación de la ley para que se dé con los culpables y se les castigue.

En el sur del estado también hay drama. El presidente de la Canainpesca, delegación Sinaloa, Jaime Andrés Osuna Magaña, fue levantado hace unos días del Parque Industrial Pesquero de Mazatlán y este miércoles se le encontró asesinado cerca del poblado de Malpica, Concordia. Este caso ha impactado a la sociedad y a la comunidad pesquera nacional.

La seguridad pública ha sido siempre un terreno resbaladizo que por momentos aparenta una estabilidad inamovible, pero que de repente cae por una pendiente espantosa. Debe considerarse además que los momentos de transición suelen ser propicios para que la delincuencia ajuste cuentas, cobre supuestos agravios o simplemente haga presencia para reclamar espacios. Y ahí se necesita la inteligencia de quienes se van y de quienes llegan.

VACUNAS, “EN SU MOMENTO”

Nadie se explica en qué consiste la estrategia gubernamental para la vacunación. Primero, el problema era la falta de vacunas. A pesar de los anuncios constantes de comprar millonarias de dosis, no se podía realizar una campaña masiva porque no había suficiente biológico. Luego

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