A diez años de la caída del Chapo: sangre, túneles y herederos

Los Mochis, Sin.- Eran las 4:30 de la madrugada del 8 de enero de 2016 cuando el estruendo de las ráfagas despertó a medio Los Mochis. En la colonia Las Palmas, marinos irrumpían en una casa de seguridad. Cinco sicarios muertos, un túnel, una persecución por las calles y un motel barato como escondite final. Así terminó la fuga más famosa del narcotráfico mexicano: la de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

 

Diez años después, el eco de aquella madrugada aún retumba en Sinaloa. El capo que humilló al Estado con dos fugas espectaculares fue recapturado y enviado a Estados Unidos, donde hoy cumple cadena perpetua en una celda de concreto y silencio. Pero su cártel, lejos de morir con él, se multiplicó como hidra.

 

El día que cayó el rey

 

La operación “Cisne Negro” fue quirúrgica y brutal. Tras meses de rastreo, los marinos llegaron al escondite del capo. En el enfrentamiento murieron cinco pistoleros. “El Chapo” escapó por un túnel, robó un auto, fue interceptado en la carretera y terminó detenido en el motel Doux, donde pidió una habitación con su lugarteniente. No hubo más balas. Solo esposas, cámaras y una frase que se volvió viral: “Misión cumplida”.

 

El encierro

 

Extraditado en 2017, Guzmán Loera fue juzgado en Nueva York. En 2019, un jurado lo encontró culpable de 10 cargos, entre ellos tráfico de drogas, lavado de dinero y homicidio. La sentencia: cadena perpetua más 30 años. Desde entonces, vive en la prisión ADX Florence, en Colorado, sin contacto con el mundo exterior. Ni túneles, ni visitas, ni corridos.

 

El cártel sin cabeza… pero con garras

 

La caída del Chapo no desmanteló al Cártel de Sinaloa. Al contrario: lo dividió. Sus hijos —Iván Archivaldo, Jesús Alfredo y Ovidio Guzmán— tomaron el control de una facción conocida como “Los Chapitos”, centrada en el tráfico de fentanilo. Del otro lado, Ismael “El Mayo” Zambada, el viejo socio, mantuvo su red de operadores y rutas.

 

Pero en 2025, el destino alcanzó también al Mayo. Fue detenido en El Paso, Texas, y hoy espera sentencia en una prisión federal. Con ambos capos tras las rejas, el cártel se ha fragmentado. Las disputas internas han dejado ríos de sangre en Culiacán, Sonora y Durango.

 

Diez años después

 

El aniversario de la captura del Chapo no se celebra. Se recuerda con miedo. Porque su caída no trajo paz, sino una nueva guerra. Porque su cártel sigue vivo, más violento, más impredecible. Y porque en Sinaloa, el silencio de los capos no significa el fin del narco. Solo marca el inicio de otra batalla.

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