Ana Cristina González distinguida mochitense Presidenta de Fundación CIMA X TI

Hay decisiones que no nacen de una agenda, sino de una convicción. En Ana Cristina González, presidenta de Fundación CIMA X TI, el impulso viene de tres lugares que no se negocian: la fe, la familia y la gratitud. Y cuando habla de propósito, lo hace como quien habla de algo cotidiano: algo que se vive

Ana Cristina lo dice así:

«Mi vida ha estado marcada por regalos que vienen de Dios: la fe, mi familia y las oportunidades, las cuales han sido siempre un recordatorio constante de que todo lo que recibimos tiene un propósito, y que nada es solamente para nosotros.

«Cuando Teddy me invitó a formar parte de la fundación de la empresa, acepté desde un lugar muy profundo del corazón. Primero, porque creo en él, en su manera de trabajar y en la congruencia con la que vive. Él me inspira. Y también porque entendí que esta era una forma concreta de responder a ese llamado interior a dar, que todos tenemos.

«Mi fe es el motor de todo. Es un regalo que recibí de mi mamá desde muy pequeña y que con los años ha ido dando sentido a todo lo que soy. Es lo que me recuerda que no estamos aquí solo para construir proyectos personales, sino para convertirnos en instrumentos de algo mucho más grande que nosotros.

«Después llegaron mis hijas y con ellas una nueva forma de ver el mundo. Verlas crecer rodeadas de amor, de cuidado y de muchas oportunidades, me hizo hacerme una pregunta: ¿Cómo puedo ayudar a romper desventajas desde la infancia?

«Así nació en mí un deseo claro de enfocar nuestro trabajo en la niñez, con la posibilidad de acompañar y de sembrar algo que permanezca. Con el tiempo, esa intención se convirtió en CIMA X TI: este cambio de identidad responde a una forma más clara de expresar lo que creemos, que el verdadero sentido está en caminar juntos.

«En lo personal, en esta corta trayectoria, he entendido que dar no se trata solo de recursos, sino de tiempo, amor y coherencia de vida. Y que enseñar a los hijos no es con palabras… sino con lo que nos ven hacer.

«Me encantaría que algún día mis hijas puedan ver este camino y descubrir que todo lo que hemos recibido tenía un propósito. Porque, al final, la cima solo tiene sentido cuando se comparte.»

Historia colectiva

Si la primera parte de una historia es íntima, la segunda es inevitablemente colectiva. Porque una fundación no se sostiene solo con intención: se sostiene con estructura, con continuidad y con la capacidad de convertir la empatía en acción.

Fundación CIMA X TI nació para fortalecer oportunidades y acompañar a comunidades desde la cercanía, sumando alianzas y voluntades, con una visión de impacto social sostenible y de largo plazo.

Y en 2025, ese compromiso se sintió más firme. No por la “foto” del resultado, sino por lo que implicó detrás: ordenar procesos, aprender en el camino y construir bases más sólidas para crecer con sentido. La propia Fundación describe 2025 como un año de transición y fortalecimiento, en el que se reafirmó el propósito y se avanzó con visión clara, colaboración y adaptación constante.

Alianzas

En esa etapa, la dirección operativa de Tania Silvina Loya Fierro (Tania Loya) fue clave para sostener la ejecución diaria y darle continuidad al trabajo: acompañar alianzas, fortalecer la operación y cuidar que el impacto no se quede en un gesto, sino que se vuelva hábito.

Los números, cuando importan, no se presumen: se entienden como un reflejo de vidas tocadas. En 2025, la Fundación logró beneficiar a 156,000 personas a través de sus ejes de educación, salud y alimentación. Detrás de ese total hay algo más humano: la certeza de que cuando se trabaja con continuidad, el apoyo se vuelve presencia.

Esa misma búsqueda de confianza también se construyó hacia adentro. En 2025, Fundación CIMA X TI obtuvo la Acreditación en Institucionalidad y Transparencia (AIT) otorgada por el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), un distintivo que reconoce ética, rendición de cuentas y buenas prácticas; un respaldo que fortalece la credibilidad con aliados, donantes y comunidades.

Y porque el impacto real rara vez es solitario, el año también se sostuvo en colaboración: se formalizaron 15 nuevos convenios de colaboración, abriendo más caminos para llegar mejor, con más orden y con más continuidad.

Al final, lo que CIMA X TI está construyendo no es solo un modelo: es una forma de mirar la niñez con esperanza y responsabilidad. Porque hay cimas que solo valen la pena cuando lo que se ha recibido… también se comparte.

Cortesia.- Mariana Martinez

 

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