Los Mochis, Sin.- Juan Pablo Espinoza, un tecladista con discapacidad visual ha demostrado que las limitaciones están en la mente y que cualquier persona con voluntad puede salir adelante a pesar de las adversidades y ahora, gracias a su amor por la vida y por la música, su oficio es tocar en las calles de la ciudad de Los Mochis para llevar el sustento al hogar.
Nacido en la comunidad de Cohuibampo, su historia comienza comenzó de manera sencilla cuando de niño recibió su primer teclado de manos de unos doctores que trabajaban con su mamá, un momento especial que cambió el rumbo de su vida y que definió todo lo que él quería ser, un músico.
‘’Desde chico un par de doctores donde trabajaba mi mamá, cuando iba a la escuela en Los Mochis, un par de doctores que trabajaban en el club de leones, mi mamá trabajaba con ellos y me regalaron un tecladito chiquito, como de juguete y con ese empecé a tocar, un ahijado de mis papás, él tenía una idea y más o menos me empezó a enseñar y ya yo toqué solo’’.
Al poco tiempo de descubrir su pasión, Juan Pablo recibió sus primeras clases de piano en la asegurada del IMSS en Los Mochis con la maestra ‘’Mayoya’’, a quien recuerda con mucho cariño y gracias a su apoyo y sus consejos, Juan Pablo decidió irse a la Ciudad de México para estudiar música y perseguir su sueño.
‘’Estuve yendo un tiempo en una asegurada de aquí con una maestra que se llama ‘’Mayoya’’, estuve poco tiempo, estuve solo y cuando me fui a México allá estudié un poco de piano, lo mismo que estudié en la asegurada, allá sí estuve en un internado, allá estudié primaria, secundaria y estuve en música por la tarde’’.
Durante 19 años, Juan Pablo Espinoza perteneció a grupos musicales para tratar de ganarse la vida en Ciudad de México, sin embargo, tras enterarse del fallecimiento de su padre, tuvo que regresar a Sinaloa en el año 2024, un año después lo siguió su madre quien falleció el año pasado y con la necesidad de sacar a su hermano adelante, quien también es invidente, Juan Pablo comenzó a sacar su teclado a las calles para deleitar a los mochitenses con los clásicos del ayer, cumbias, música mexicana y las complacencias de la ciudadanía.
A pesar de las adversidades, Juan Pablo señala que este oficio es como todos, hay días buenos y días malos, sin embargo, su recompensa es poder seguir disfrutando la música y transmitirla a quien se permita detenerse en las calles para escucharlo tocar.










