El «Pechocho» de Topolobampo: Lancheros toman medidas para cuidarlo y alargar su vida

Los Mochis, Sin.- En lo profundo de la Bahía de Topolobampo, en medio de una pequeña ensenada, entre los manglares y las aguas tibias, se guarda una de las joyas escondidas más queridas del municipio de Ahome, el auténtico y entrañable ‘’Pechocho’’, un delfín nariz de botella con poco más de 35 años de edad que se ha ganado el corazón y el cariño no solo de los visitantes de la región, sino también de los turistas que vienen de todas partes del mundo para ser testigos de este mamífero conocido por jugar con los niños, dejarse tocar y mostrar su palo cuando no está de buenas.

Salomón Irigoyen, lanchero y prestador de servicios turísticos desde hace casi 50 años, contó la historia de este delfín que llegó a la bahía junto con su mamá y su manada buscando refugiarse de un ciclón tropical que azotaba en la región, al poco tiempo su mamá falleció justo en la ensenada donde el pequeño delfín decidió quedarse de por vida, y a pesar de los intentos de los lancheros por sacarlo de ahí y ponerlo en libertad, el mamífero siempre regresaba al mismo lugar y así con el pasar de los años, el delfín fue recibido con amor y nombrado cariñosamente como ‘’Pechocho’’.

‘’Entró con una manada con un ciclón que hubo y entró con la manada, él entró muy chico, entró con su mamá y como su mamá iba golpeada, su mamá se murió ahí y ahí se quedó a esperar a su mamá, ya lo han querido sacar de ahí y no ha querido, lo han sacado y se vuelve a meter…’’.

La peculiaridad de este delfín es que a diferencia de otros que viven en manada, él ha vivido sólo en su ensenadita, recibiendo el cariño y la atención de los visitantes que hacen el recorrido en lancha para saludarlo, jugar con él y tocarlo, pero ponga atención, porque los mismos lancheros cuentan que cuando trae un palo en su hocico, significa que no desea ser molestado.

Esta particularidad del Pechocho ha sido el foco de atención de los turistas, convirtiéndose no solo en el ícono del Puerto de Topolobampo sino también en el sostén de la actividad turística de los lancheros que brindan los paseos en lancha, sin embargo, con el pasar de los años, el Pechocho ha llegado a la edad madura por encima de los 35 años, y considerando que la edad promedio de un delfín nariz de botella es entre los 40 y 50 años, los lancheros han decidido bajar el ritmo de los recorridos para dejarlo descansar y que perdure más tiempo en la bahía.

‘’La mayoría de la gente a eso viene, a ver al Pechocho , quien viene a Topo y no viene a ver al Pechocho, haz de cuenta que no vino, la mayoría se la lleva con el palo nomás, ya no quiere que lo toque uno, antes se dejaba a la hora que llegara uno, ahorita estamos entrando nomás 5 lanchas, los otros tienen que hacer turnos para entrar porque son muchos lancheros, yo tengo como del 85, desde el 85 estoy aquí yo’’.

Con el paso del tiempo, el querido ‘’Pechocho’’ ha bajado el ritmo de vida y con su palo pide respeto, silencio y descanso y los lancheros, quienes lo han visto crecer desde muy pequeño, han entendido el mensaje y han decidido cuidarlo como se cuida a un viejo amigo, bajando el ritmo, ordenando los recorridos y velando para que su ensenada siga siendo su espacio de paz.

Nadie sabe con certeza cuántos años más acompañará el ‘’Pechocho’’ en la bahía de Topolobampo, pero mientras siga asomando su aleta y su palo entre los manglares, el Pechocho seguirá siendo más que un atractivo turístico, será un símbolo de identidad, de memoria y la convivencia entre el hombre y la naturaleza, porque protegerlo hoy es honrar su historia.

 

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