Culiacán, Sin.- José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años originario de Michoacán, abandonó el Hospital General de Mazatlán tras sobrevivir al derrumbe registrado en la mina Santa Fe, en la comunidad de Chele, donde permaneció atrapado por más de 100 horas.
Al narrar su experiencia, el minero explicó que el accidente lo sorprendió mientras realizaba trabajos de relleno en el interior del yacimiento. De pronto, comenzó a notar señales de inestabilidad y, al intentar retirarse, observó cómo un fuerte flujo de lodo descendía rápidamente por la rampa.
Ante el peligro, decidió resguardarse en una salida elevada, subiéndose a una estructura donde logró mantenerse a salvo mientras el material avanzaba con fuerza, arrastrando incluso maquinaria a su paso.
Desde ese punto, quedó completamente aislado. La oscuridad fue total, ya que la energía eléctrica se perdió, y el lodo le impedía moverse con facilidad, alcanzándole en algunos momentos hasta el abdomen.
A pesar de las condiciones extremas, afirmó que nunca tuvo miedo a perder la vida. Su actitud, dijo, fue mantenerse en calma y aceptar lo que pudiera suceder, confiando en que sería encontrado o en lo que Dios dispusiera.
Durante los primeros momentos no tuvo contacto con nadie. Optaba por permanecer en silencio para tratar de percibir cualquier señal en la mina. Fue hasta después de uno o dos días cuando comenzó a escuchar ruidos de maquinaria y voces, lo que le dio esperanza y le permitió intentar comunicarse para indicar su ubicación.
Aunque en algún momento pensó en buscar una salida alterna, las condiciones del terreno lo hicieron imposible, por lo que decidió permanecer en el sitio, esperando ser localizado.
El derrumbe ocurrió el pasado 25 de marzo, cuando 25 trabajadores se encontraban en la mina Santa Fe; 21 lograron salir por sus propios medios, mientras que cuatro quedaron atrapados.
José Alejandro es el primero en ser rescatado con vida y trasladado en helicóptero al Hospital General de Mazatlán, donde fue reportado estable y dado de alta este lunes.
Su testimonio deja ver la dureza de lo vivido bajo tierra, pero también la fortaleza con la que enfrentó el encierro, mientras continúan las labores para ubicar a los otros trabajadores que aún permanecen desaparecidos.










