Ciudad de México.- Si bien el home office fue una ventaja durante la pandemia que en algunos sectores laborales llegó para quedarse, para muchas mujeres ha resultado en sufrir una disponibilidad 24/7.
Esto porque estar físicamente en casa para trabajar remotamente dispara la expectativa familiar de que, por ejemplo, ella también debe atender la lavadora, la cocina o a un hijo enfermo mientras está en una videollamada.
La situación deriva en un estado de burnout, un síndrome de agotamiento mental y físico que no se quita durmiendo solamente, sino que empeora por la incapacidad de desconectar las responsabilidades laborales y domésticas.
Para la psicóloga Cristina Hernández, el home office llegó a visibilizar una situación oculta: que la equidad ha llegado a muchos ámbitos de la vida, pero no al hogar.
En entrevista indicó que cuando las mujeres empezaron a salir de casa para trabajar ganaron un espacio personal que, al contrario, siempre tuvo el hombre.
En ese territorio personal te arreglabas, te ibas a hacer las uñas, te comprabas el carro porque era una necesidad para el trabajo. La mujer trabajadora, en los inicios, era la que se arreglaba, la que podía, la empoderada. En el home office se perdió ese territorio”, explicó.
Ahora, para ellas es: le dedico una hora a hacer la comida o le dedico una hora al arreglo personal.
Un estudio elaborado en 2024 por la plataforma de empleo OCC señala que entre las afecciones físicas por burnout están el agotamiento extremo, dolores de cabeza, dolores musculares, malestar estomacal y cambios en el peso corporal; entre las afecciones psicológicas están ansiedad, angustia, irritabilidad, insomnio, depresión y falta de motivación.
México, el primer país del mundo en burnout laboral
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, México es el primer país del mundo en burnout laboral, con 75% de la población laboral que dice padecerlo, pero entre las mujeres está condición es reportada por ocho de cada diez, superando la tasa de países como China (73%) y Estados Unidos (59%).
La especialista apunta a que entre las mujeres se mantiene un estigma sociocultural de pensar que no te disminuye hacer las labores del hogar porque “tú eres la jefa”.
Veo a muchas mujeres con burnout que les hago la evaluación a nivel empresarial o personal y traen una imposibilidad de desconectar, porque además biológicamente la mujer es capaz de conectar en muchos sectores”, explicó.
Bajo presión
Para María Liliana, desde hace años no le basta con un descanso de dos días a la semana para reponerse de su semana laboral.
Como asesora en el Poder Judicial federal, su jornada se extiende de las 9:00 horas a las 18:00 horas, pero por necesidades familiares, como cuidar a su madre en recaídas de salud recurrentes o enfermedad de su hijo de seis años, frecuentemente debe solicitar permiso para trabajar desde casa.
Siendo madre soltera, esos días son los más pesados para ella porque debe atender juntas remotas, enviar reportes, organizar eventos y coordinar vía WhatsApp a un grupo de becarios de abogados. Además, hace el desayuno, lleva a su mamá al baño; lava ropa y corre a recoger a su hijo a la escuela, para después ayudarlo con la tarea.
Al respecto, la psicóloga Hernández opina que debemos empezar a pensar qué tanto tenemos que darle límites a nuestras habilidades, porque la mujer es resolvedora por naturaleza y no sabe parar.
En el home office dices ‘no me puedo hacer que no veo la necesidad del hijo, del marido, del hermano, de la hermana’. No pueden hacer lo que el hombre, que cierra la puerta y dice: ‘Estoy trabajando’, porque, si lo haces, sientes culpa”, señaló.
La especialista explicó que una señal de alerta del burnout es cuando la mujer invisibiliza sus necesidades, cuando ya no tiene espacios de comida fijos, se desdibuja su territorio personal sin darse cuenta y se sienten irritables más de lo normal.
Por eso hizo un llamado a que, por ejemplo, las empresas no aplaudan la visibilidad 24/7 que esperan del home office o que las escuelas ya no aplaudan las dinámicas familiares al tiempo que exigen más la presencia femenina. “O las parejas que piden una colaboración 50/50 que se puede lograr a nivel financiero, pero qué hay de todo lo demás”.
Seguimos educando a niños y niñas que creen que su deber ser es que el hombre debe proveer porque el hombre que se queda en caso se siente disminuido, y si la mujer no está en casa y no se hace cargo de los deberes de casa se siente culpable.
Es un llamado a todos los sectores, a la familia que cuando tiene a un varón que cuida a los hijos y se va a trabajar le dice ‘te ayudo’, pero cuando tiene a una mujer en esa situación le dice ‘¿para qué tienes hijos?’”.
Afirmó que el burnout es una llamada de atención para visibilizar la falta de equidad entre hombres mujeres en el hogar y entre mujeres a visibilizar más la idea de que no es nuestro deber, que nos ayuden nuestras parejas y familias a criar, que es también corresponsabilidad.
El valor de una mujer no está en cuánto logra sostener, en cuánto trabaja, en cuánto resuelve, en cuánto se sacrifica. El valor de una mujer no tendría que ganarse. Hay que aprender a decir no, a poner límites y a dejar de cargar lo que no nos corresponde o cargamos de más”, finalizó.
Daño total
Principales afecciones que experimentan las personas con burnout.
FÍSICAS:
Cansancio constante y prolongado
Dolores de cabeza
Tensión y dolores musculares
Agotamiento extremo
Malestar estomacal/ gastritis/ colitis
Cambios en el peso corporal sin causas aparentes
PSICOLÓGICAS:
Ansiedad
Angustia e irritabilidad
Falta de motivación
Insomnio
Depresión
Desvinculación emocional hacia el trabajo y compañeros
Sepa parar y decir “no”
Recuperarse del burnout no es sencillo, pero es posible.
Autocuidado y descanso: Es necesario priorizar el sueño, practicar ejercicio regular y realizar actividades de relajación para recuperar la energía.
Poner límites: Aprender a delegar tareas, tanto en el trabajo como en el hogar, y evitar asumir cargas extra para no sobrecargarse.
Apoyo profesional y social: Hablar con terapeutas, amigos o familiares ayuda a procesar la carga emocional. La terapia cognitivo-conductual es eficaz para gestionar el estrés.
Reajustar expectativas: Aceptar que no se puede ser perfecta en todo y establecer metas más realistas para reducir la sensación de desesperanza.
Practicar mindfulness: Técnicas como la respiración profunda, yoga o meditación ayudan a reducir la ansiedad.
Cambios en el entorno: Evaluar si es necesario un cambio de puesto, de carrera o cambios en la rutina diaria si la causa es el ambiente laboral.
Con información de Excélsior









