Culiacán, Sin.- A doce meses de la desaparición de Inés Alberto de Jesús Ibarra Berrelleza, su madre, Rosa Isela Ibarra, volvió a caminar las calles de Culiacán con la esperanza intacta y el recuerdo vivo de un joven que salió a entregar tarea de la escuela y nunca regresó.
El paso del tiempo no ha borrado la ausencia. Este viernes 16 de enero se cumplió un año desde que Inés Alberto de Jesús Ibarra Berrelleza desapareció en Culiacán, y su nombre volvió a escucharse entre consignas, oraciones y silencios cargados de nostalgia.
Rosa Isela Ibarra, la mujer que lo crio desde pequeño tras el fallecimiento de su madre biológica, encabezó una marcha acompañada de familiares, amigos e integrantes de colectivos de personas desaparecidas. El recorrido inició sobre la avenida Álvaro Obregón y concluyó frente a la Fiscalía General del Estado, el mismo lugar donde hace un año comenzó la búsqueda formal.
Entre pancartas, fotografías y fichas de localización, la imagen de Inés —entonces de 21 años— fue sostenida como un recordatorio constante de lo que falta en casa.
“Ya se imaginará lo pesado que es tener a un hijo desaparecido”, expresó Rosa Isela, con la voz marcada por el cansancio y la esperanza.
Recordó que aquel 16 de enero de 2025, Inés salió de la colonia Lázaro Cárdenas alrededor de las 12.00 del mediodía para acudir a la escuela a entregar unos trabajos. Nunca volvió. Esa misma noche intentaron presentar la denuncia, pero la Fiscalía estaba cerrada; al día siguiente, desde muy temprano, pasaron horas enteras realizando el trámite sin obtener respuestas claras.
“Lo único que quisiera es que alguien dijera algo de él”, lamentó. A un año de distancia, asegura que el caso no ha recibido la atención necesaria. “Si desde el principio le hubieran echado ganas, mi hijo ya estuviera aquí, como muchos otros que han sido recuperados”, señaló.
Inés es descrito como un joven tranquilo, dedicado a sus estudios y a su familia. Los fines de semana disfrutaba salir a caminar y hacer senderismo con sus primos. En septiembre de 2025 cumplió 22 años, lejos de casa, sin un pastel con velas ni abrazos.
Era estudiante de la licenciatura en Criminalística y Ciencias Forenses de la Universidad Autónoma de Sinaloa, una carrera que eligió con la ilusión de entender la justicia desde dentro. Hoy, su historia se suma a las de muchos jóvenes que permanecen ausentes, mientras sus familias siguen caminando, esperando y recordando en Culiacán .








