AMLO: Con la Iglesia hemos topado, pero ni así cambia…

DOMINGRILLA
AMLO: CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO, PERO NI ASÍ CAMBIA; ¿CUMPLIR LAS LEYES O INTERPRETARLAS?; EL NUEVO TESTAMENTO… POLÍTICO; FALLIDA DIABLURA DEL DIABLO

FRANCISCO CHIQUETE
Como era previsible, ni las muertes de los dos jesuitas y el guía de turistas, ni la condena papal a la excesiva violencia (“¡cuántos asesinatos en México”) fueron suficientes para que el presidente aceptara una revisión a las políticas públicas en materia de seguridad. Por el contrario, advirtió que un cambio en esa materia sólo se daría si los conservadores volviesen al poder.
Este es un desafío principalísimo para el presidente López Obrador. Hasta el momento no ha habido una fuerza real que se enfrente a las decisiones del régimen, pero la iglesia católica no parece dispuesta a permitir que estas muertes se olviden así como así. Especialmente la Compañía de Jesús, a la que pertenecían los religiosos inmolados, ha sido sumamente severa en las exigencias y críticas.
El propio Quijote de la Mancha reconoce las dificultades de un tropiezo de esta naturaleza: Con la iglesia hemos topado, Sancho, exclama el caballero de la triste figura, cuando el muro del templo se interpone entre ellos y el imaginario palacio de Dulcinea. Pudiera ser el que el presidente tope con el muro de una institución poderosa, que no está conforme con el estado de cosas existente en el país, tan grave, que ahora le costó la vida a dos prelados que dedicaron sus vidas a trabajar en beneficio de los grupos más desprotegidos de la nación, esos a los que el presidente ha dedicado los más numerosos discursos de sus casi cuatro años de gobierno.
Fuera de la iglesia, y especialmente fuera de los Jesuitas, no ha habido una voz consistente que condene los hechos y demande un cambio de política en la referida materia. Los partidos de oposición hablan con frecuencia de la falta de control sobre la delincuencia, pero ni tienen credibilidad, ni tienen un planteamiento serio qué oponer a la cerrazón presidencial.
En el programa de análisis de la plataforma de Sinaloa en Línea, coincidíamos en la esterilidad de las denuncias grandilocuentes presentadas por Alejandro Moreno, presidente del comité ejecutivo nacional del PRI, y por Marko Cortez, su homólogo del PAN. Por más que hablen de la falta de resultados, por más que denuncien la presencia y control del crimen organizado en el territorio nacional, la sociedad no reacciona precisamente porque son personajes descalificados, carentes de ascendencia sobre la sociedad, en resumen, pequeños ante la figura de Andrés Manuel López Obrador.
Si la iglesia insiste podría hacer que el presidente ofrezca la posibilidad de un cambio en la postura. Es obvio que también al Vaticano le simpatiza la idea de evitar la violencia como método de solución de los problemas, pero como toda institución perdurable, sabe ser práctica y entiende que con abrazos no se están resolvieron las muertas causadas por los balazos. No nos alcanzan los brazos para cubrirnos los balazos, dijo otro jesuita en las exequias de los asesinados.
El propio Papa dijo en su condena a los crímenes “una vez más repito que la violencia no resuelve los problemas, sino que crecen los sufrimientos innecesarios”. Por ello López Obrador dijo sentirse avalado en su política de abrazos, no balazos, pero el conjunto del texto hace inviable esa interpretación.
Este nuevo resquicio abre una ligera posibilidad, aunque el presidente ha dicho obcecadamente que no habrá cambios. El riesgo es que finalmente el asesino hasta ahora señalado, sea detenido y se dé por terminado el asunto, cuando la verdadera utilidad de estas muertes es que se conviertan en el motor del cambio tan necesario y tan negado, es decir, que no se haga justicia para un caso porque lo urgente es que haya posibilidades de justicia para todos.
EL NUEVO TESTAMENTO
Dos cosas dice con frecuencia el presidente: que está atacando las causas de la violencia, elevando el nivel de vida de los jóvenes que engrosan los ejércitos de sicarios, y que no se puede combatir a la violencia con más violencia porque ello equivale a aplicar la Ley del Talión y piensa que no se debe, porque al rato vamos a andar todos tuertos y todos chimuelos con aquello de “ojo por ojo diente por diente”.
Por desgracia mucho el esfuerzo que se ha hecho con los programas sociales, especialmente el que se dirige a los “Jóvenes construyendo el futuro”, ha sido un fracaso, pues los niveles de pobreza extrema avanzan. Por supuesto que miles de muchachos reciben por fin una oportunidad, pero el programa está desvirtuado y no ha creado nuevos empleos porque apenas termina el periodo de la beca, muchos de los beneficiarios son echados a la calle para no tener que pagarles con dinero de la empresa.
Eso por no hablar de las irregularidades que han sido documentadas por las propias entidades oficiales que al menos someramente deben auditar los recursos ejercidos.
Por otra parte, la aplicación de la ley no puede considerarse como un acto de venganza, como cree AMLO. Sancionar a quienes incurren en delitos es obligación de la autoridad, y más acentuadamente cuando se trata de daños irreparables como la pérdida de la vida. Quieren que combatamos el fuego con fuego ¿y dónde quedó el Nuevo Testamento? Pregunta el presidente cada vez que deja salir al predicador que anima buena parte de sus mañaneras.
Él se comprometió a cumplir y hacer cumplir la ley, no a interpretarla. Detener a un asesino no es aplicar la Ley del Talión, sino evitar la impunidad que tanto daño le hace a la nación entera. Por lo demás, el presidente ya debió darse cuenta de que en el país todas las familias andamos tuertas o chimuelas, porque esa violencia que él combate con abrazos, nos ha quitado un padre, un hermano, un hijo, un amigo y muchos miembros de nuestras comunidades.
Independientemente de todo esto, el presidente no puede preguntarse ¿qué pasó con el nuevo testamento? El mismo lo acaba de difundir.
No habrá cambios en la estrategia de seguridad, a menos que el pueblo decida que regresen los conservadores, dijo tratando de acentuar su certeza y la inamovilidad de sus decisiones.
El nuevo testamento es ese: quien quiera desde Morena ganar la Presidencia de la República, debe comprometerse desde ahora a mantener las cosas tales como él las ha diseñado. Ninguna de sus corcholatas puede pensar en que hará cambios a las políticas de abrazos no balazos, en la eventualidad de que se convierta en un nuevo inquilino de Palacio Nacional.
Eso perfila cada vez más a Claudia Sheimbaum, cuya estrategia de campaña es asimilar su discurso al del presidente. Perfila por supuesto a Adán Augusto López, porque nadie puede ser más obediente con él a la hora de tomar decisiones. Sobre todo la de atender o no la guía que su antecesor lance desde la lejanísima finca chiapaneca de mexicanísimo y folclórico nombre.
En cambio aleja a Marcelo Ebrard, porque aún con sus enormes esfuerzos por mostrarse fiel y plegado a las directrices presidenciales, sigue siendo reo de sospecha, la de declararse independiente una vez alcanzada la meta soñada. Y por supuesto, echa por la ventana a Ricardo Monreal, quien ya no sabe si seguir jugando a conseguirse una postulación dentro de Morena, o a la construcción de un puente con la oposición para ser candidato aunque fuera por la Coalición Va por México, y ya en caso extremo, por Movimiento Ciudadano.
Por lo pronto las violaciones a la ley están a la orden del día. Ayer estuvo en Ciudad Juárez el ex diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, quien presumió desde sus redes sociales haber reclutado “a más compañeros convencidos de que para que siga la transformación de México #EsClaudia”. Ahí mismo anunció que hoy domingo está en Culiacán para seguir con esa tarea de proselitismo.
¿Se puede negar que se trate de actos anticipados de campaña?
Tampoco lo puede negar Marcelo Ebrard, con su programada gira a los estados del país, que -eso sí- será durante sus días de descanso. Con eso se evitan problemas, por supuesto. Me pregunto sin embargo si una crisis internacional, un conflicto con uno de nuestros países socios o amigos, puede o no ser motivo de interrupción de esa gira, sólo porque hubiese ocurrido en domingo.
Aunque desaparecieron momentáneamente, las camionetas de divulgación de imagen y perifoneo a favor de Adán Augusto pueden volver a circular en cualquier momento, porque al final nadie las sancionó, por más que en los medios aparecieron los costos de esos servicios y hasta los lugares donde se pueden contratar.
LAS DIABLURAS DEL DIABLO
Normalmente un buen secretario particular es bueno porque no se nota. Los que destacan terminan enredados en sus propias acciones, y eso le está empezando a ocurrir al secretario particular del gobernador Rubén Rocha Moya. Alejandro El Diablo Higuera empieza a soltar la lengua tanto en llamadas telefónicas que luego le cuelan a las redes, como en instrucciones directas de medidas que al final resultan sin paternidad.
En la más reciente gira del gobernador por Mazatlán, como ya se ha informado, Higuera tuvo la ocurrencia de ir a regañar a dos compañeras reporteras por el delito de estar entrevistando a un funcionario estatal, porque “hay instrucciones de que nadie hable cuando el jefe esté hablando” o realizando su actividad.
Cuando trascendió la molestia por esa imposición de normas, se dijo que había sido instrucción del gobernador que Higuera llevaba a la práctica, pero el gobernador, que nunca ha reservado su pecho para que sea bodega, rechazó rotundamente haber dado una instrucción de ese tipo y se declaró respetuoso de la labor de los periodistas.
Por supuesto, ello le ha costado al ex alcalde mazatleco muchos señalamientos y recordatorios del talante autoritario que ejercía durante sus periodos al frente de la comuna, especialmente los dos últimos.
El caso es que aún cuando Higuera lo niegue, el autor de esa medida de acallamiento es él mismo. Fue muy conocido que en su tercer periodo giró instrucciones a sus funcionarios para que se abstuviesen de hacer declaraciones o de aceptar entrevistas cuando el alcalde estuviese hablando, o cuando no se hubiese terminado el evento que “el jefe” encabezaba.
Es una vieja aspiración impositiva que creyó oportuno revivir y con la que además esperaba quedar bien, pero evidentemente no funcionó.
Cuando no se había definido su posición dentro del gabinete, tras fracasar en la aspiración de ser secretario general de gobierno, o “por lo menos” secretario de Turismo, Higuera pretendió ser jefe del despacho del gobernador, pero éste dijo que no, que ya tenía el puesto de secretario particular, con eso, apuntó Rocha, ya tiene poder, nomás que lo use para bien. Que se sepa, esta es la primera vez que pone en entredicho semejante recomendación. Vaya usted a saber cuántos strikes lleve en la cuenta interna.

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