Ataque al Yiyo, lo más difícil para el gobernador

#Domingrilla
• Ataque al Yiyo, lo más difícil para el gobernador.-
• Enderezar relación con Cuén.-
• Jackson y la elección 2000.-
Por Francisco Chiquete

Pese a las estridencias del conflicto Químico-PAS en Mazatlán, la agresión contra el exalcalde de Escuinapa, Hugo Enrique Moreno es el asunto más grave que ha enfrentado el naciente gobierno de Rubén Rocha Moya y es también el compromiso más importante. Si termina por imponerse la tradicional impunidad, Rocha estará afrontando su primer fracaso en una área tan sensible como es la política revolcada por la violencia.

El mismo compromiso, por supuesto, enfrenta la flamante fiscal autónoma de Sinaloa, Sara Bruna Quiñónez, quien ya debe estar trabajando en el establecimiento de las líneas de investigación y la ubicación de pistas efectivas. Ningún caso es prorrogable, pero en éste no puede darse el lujo de dejar correr el tiempo. En éste menos que en cualquier otro.

Como se sabe, Moreno Guzmán, el Yiyo, fue candidato a presidente municipal por Movimiento Ciudadano en Escuinapa, donde ya había ganado esa posición cuando militaba en el PRI, y también la había perdido en su intento de reelección, también bajo el emblema de los tres colores.
Durante la semana que termina, manos criminales incendiaron tres vehículos de su propiedad estacionados afuera de su domicilio, en horas de la madrigada del jueves.

Si bien no hubo daños personales, la familia del político estuvo en riesgo, pues el humo del incendio penetró en la casa, donde una de las hijas alcanzó a dar la voz de alerta.

Es evidente que se trataba de “un aviso”, una advertencia que probablemente buscaba moderar la actitud de Moreno Guzmán, o que buscaba sancionar ilegalmente alguna acción realizada por él. En la vox populi escuinapense se recordó inmediatamente la denuncia que presentó durante la campaña, cuando elementos presumiblemente del crimen organizado lo habrían amenazado para obligarlo a “bajarse” de la campaña, amenaza que también habrían recibido varios de sus colaboradores.

Por ello es tan importante que las autoridades reaccionen con efectividad. Incluso si se tratase de vendetas personales por asuntos no relacionados con la política, es imprescindible que los hechos queden establecidos y bien comprobados, pues de lo contrario este tipo de agresiones puede escalar e incluso extenderse a otros municipios.

Todavía están muy vivas las impresiones respecto de acciones violentas registradas durante la campaña anterior, e incluso en la jornada electoral de junio pasado. Aunque ningún partido o actor político se atrevió a levantar o continuar denuncias formales, la sociedad sabe que hubo una intervención abierta de los grupos delictivos (aquellos de los que el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que “se portaron bien”), y a nadie escapa la posibilidad de que estos hechos del jueves en Escuinapa sean secuelas o secuencias de aquellas movilizaciones ilegales.

Por ello fue atinada la actitud del gobernador Rocha Moya, quien condenó los hechos y se comprometió diciendo que los responsables serán castigados. No puede esperarse que un gobierno que empieza sus labores deje pasar un hecho de este tamaño, no sólo por su responsabilidad de buscar y aplicar la justicia, sino por la conveniencia propia de no verse rebasado por la delincuencia.

Por cierto, hace unos cuantos días, un analista sinaloense reclamó el hecho de que en el Congreso del Estado, el diputado Feliciano Castro Meléndrez, coordinador de la mayoría norenista y jefe del control político de la Cámara, hubiese anunciado “una reivindicación social” para Román Rubio, asesinado poco después de las elecciones de junio, mediante la imposición de su nombre a una vía de comunicación que el desaparecido activista de Morena había gestionado. No es un mal gesto, por supuesto, pero mejor hubiese sido que se ejerciera presión para que el caso quedara resuelto y sancionado, lo mismo que el asesinato ocurrido paralelamente, en perjuicio de Esteban López, otro partícipe del mismo proceso.

Pero al parecer la fracción de Morena no tiene hoy el mismo filo que tuvo en la legislatura anterior, cuando hacían a un gobierno de diferente procedencia, la exigencia que no se ha reiterado al actual.

• ¿Se normaliza la relación con Cuén?
Aunque el secretario de Salud Héctor Melesio Cuén Ojeda ha seguido manifestando su insatisfacción porque el gobernador no le cedió íntegra la estructura de esa dependencia, sino que le nombró subsecretarios, administradores y otros colaboradores, las cosas parecen irse normalizando entre quienes empezaron con la idea de “cogobernar Sinaloa” y descendieron el trato a jefe y subordinado con quien no se discuten las políticas a aplicar.

Tras la inesperada derrota de Cuen en la pugna por el control del ayuntamiento de Mazatlán, se conocieron varias reacciones, incluyendo la de una posible renuncia al cargo. Hubo incluso un acontecimiento aparentemente desligado, que a juicio de los conocedores, fue organizado para echarle más fuego a la hoguera.
Se trata de Tomás Saucedo Carreño, quien fue incluido en la lista de colaboradores de Rocha Moya como director del Sistema Sinaloense de Radio y Televisión, pero que no llegó a operar en el puesto, a ciencia y paciencia del gobernador, quien lo dejó correr así durante un mes.

Saucedo, como se conoce, fue candidato a gobernador por el Partido Verde Ecologista de México, y aunque al final de la campaña no levantaba más de dos por ciento de la expectativa de votos, anunció con bombo y platillo que se retiraba de la contienda para dejar a su caudal de simpatizantes en libertad de ir a votar por Rocha. Él fue uno de los dos contrincantes a los que el gobernador electo invitó a su equipo y le aceptaron (la otra fue Rosa Elena Millán, quien por cierto no acató la sugerencia de declinar a la candidatura que le dio Fuerza por México y que ejerció hasta el final, y hoy es subsecretaria en la Secretaría de la Mujer. Por el contrario, Sergio Torres Félix, de Movimiento Ciudadano, fue invitado también públicamente y declinó).

El caso es que Saucedo había expresado a sus cercanos que no acudiría a su nuevo trabajo hasta que no se sentara a platicar con el gobernador, según publicó el columnista Jorge Luis Tellez en su Agenda Política. De acuerdo con algunas versiones, Saucedo traía dos inquietudes para plantear: su sueldo, y su proyecto de una gran inversión para levantar un moderno estudio de televisión que pusiera al sistema sinaloense en nivel de competencia, pero nunca hubo audiencia.

Oswaldo Villaseñor reveló que a Saucedo lo habrían puesto en la disyuntiva de seguir como titular de la Fundación UAS, una destacada dependencia universitaria en la que se manejan muchos más recursos que en Radio sinaloa, sin la limitación que tienen los sueldos en el gobierno. Siendo como es, un hombre muy cercano a Cuen, optó por la comodidad de seguir donde estaba antes de ser candidato y funcionario público, lo que fue considerado como una más de las muestras de inconformidad cuenista.

Pero Rocha Moya ha dedicado estas semanas de su régimen a remendar los pozos que generan la dispersión y la amplitud del espectro político de sus colaboradores, y ya dio un nuevo paso hacia la normalización de sus relaciones con Cuen y su equipo político. El viernes se hizo oficial la incorporación de Rafael Mendoza Zatarain como subsecretario de Planeación de la Secretaría de Turismo, dependencia encabezada por una propuesta del Partido Sinaloense en cumplimiento de un compromiso hecho público por el propio Rocha cuando era gobernador electo, y aparentemente sin haber tenido una presión o una demanda en ese sentido.

Mendoza Zazueta, como se sabe, era el candidato del PAS a la secretaría del ayuntamiento de Mazatlán, pero fue rechazado por el alcalde Químico Benitez Torres, quien desconoció los compromisos políticos previos y a estas alturas sigue festejando ruidosamente el haberse salido con la suya al imponer a Edgar Augusto González.

A ver cómo se da la colaboración entre el municipio y la Sectur, pues aunque el gobernador esté pendiente y los funcionarios estatales tengan instrucciones de ser abiertos y colaborativos, la tozudez del alcalde no hace que la tarea sea fácil.

• Enrique Jackson
Por muchos años, Enrique Jackson Ramírez -oriundo de Los Mochis y largamente radicado en la capital del país- fue un político llamativo para los sinaloenses. Incluso los jóvenes de izquierda que le hacían llegar algún planteamiento para iniciar o seguir sus estudios, encontraban respaldos que les permitían vencer su asco al PRI. Su paso por diferentes instituciones gubernamentales lo pintó como un hombre conciliador y abierto, aunque ello no le llevaba a enfrentar las decisiones duras de los gobiernos a los que sirvió.

Su muerte, ocurrida el pasado miércoles a causa de un infarto al corazón, motivó múltiples reacciones y reconocimientos de parte de todo el abanico político del país y del estado.

Su momento más destacado seguramente fue en la elección presidencial del 2006, cuando peleó codo a codo la nominación del PRI, aunque sus aspiraciones fueron doblemente traicionadas, pues los miembros del Tucom incumplieron las reglas que se dieron a si mismos, y que por trayectoria y proyección apuntaban más hacia el senador sinaloense, prefiriendo pronunciarse por el polémico Arturo Montiel. Y luego las reglas del PRI fueron desechas por Roberto Madrazo Pintado, quien se apoderó de la candidatura sólo para dejar al tricolor en lo que hasta entonces había sido su peor resultado electoral.

Nos tocó entrevistar a Jackson en varias ocasiones y siempre fue abierto sobre temas espinosos, pero hubo una breve charla de carácter privado que me impresionó sobremanera. Faltando menos de dos semanas para la elección del año 2000, Jackson vino a Mazatlán y dio una conferencia de prensa en el añorado restaurante Puerto Azul. A la salida, le pregunté en corto cómo veía la elección presidencial, pues las encuestas estaban divididas, y aunque algunas daban ventaja a Vicente Fox, se argumentaba que eran de medios y casas encuestadoras hostiles al PRI y su candidato Francisco Labastida Ochoa.

A mi pregunta, Jackson hizo señas con las manos pidiendo privacidad en la plática e hizo gestos de dificultad, de apretura. Todavía le insistí: ¿pero cree que la saquen? Volteó a todos lados y movió enfáticamente un dedo índice en sentido negativo. Tuvo razón.

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