Biden amenaza a Rusia (y a Alemania) con poner fin a gasoducto

Washington/Moscú.- Dos escenarios, cuatro líderes políticos, un tema en común: Ucrania.

En Washington, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, prometió ayer “poner fin” a la construcción del oleoducto Nord Stream 2 para abastecer de gas ruso a Europa si Moscú asalta a Ucrania.

“Si Rusia invade -eso significa tanques o tropas cruzando la frontera de Ucrania nuevamente- entonces ya no habrá más un Nord Stream 2”, dijo Biden en una conferencia de prensa conjunta con el canciller alemán Olaf Scholz.

“Les prometo”, dijo Biden, que “le pondremos fin”.

Algo nunca visto por lo menos desde la Guerra Fría.

Scholz sin embargo, se mantuvo un poco más moderado en su posición y solo prometió estar “unidos” con Biden.

La declaración de Biden ha sido la más contundente hasta ahora respecto al futuro del nuevo gasoducto, que ya se terminó, pero que no ha empezado a canalizar gas natural hacia Alemania.

Al ser preguntado por los periodistas acerca del Nord Stream 2, Scholz evitó mencionar el gasoducto con nombre propio o confirmar directamente que apoyaría eliminar la infraestructura.

Scholz, en su primera visita a la Casa Blanca desde que asumió en reemplazo de Angela Merkel, ha sido criticado por Ucrania y Estados Unidos por su postura casi pasiva en defensa de la Ucrania pro-occidental.

Garantías de seguridad

El presidente francés, Emmanuel Macron, propuso ayer 7 de febrero, a su homólogo ruso Vladimir Putin “construir garantías de seguridad concretas” para todos los Estados implicados en la crisis ucraniana.

“El presidente Putin me aseguró su disposición a participar en este proceso y su voluntad de mantener la estabilidad y la integridad territorial de Ucrania”, agregó Macron frente a periodistas tras más de cinco horas de conversaciones con el líder ruso en Moscú.

Macron aceptó, como sugería Putin, que “no hay seguridad para los europeos si no hay seguridad para Rusia”.

La rueda de prensa puso de manifiesto las profundas diferencias entre ambos, con un tono tenso al final de la sesión.

Con información y fotografía de El Economista

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