EU socava la diplomacia para debilitar a Rusia: Chomsky

Rusia.- La invasión del presidente ruso Vladimir Putin a Ucrania es un completo desastre para el país báltico, y la guerra no va bien para las fuerzas rusas que sufren graves pérdidas y empiezan a sentir los estragos de la escasez de suministros y la desmoralización. Quizá esta sea la razón por la que el presidente ucranio Volodymir Zelensky, alentado por el apoyo que ha recibido de los países occidentales, proclamó hace unos días en la emisora estatal griega ERT que “la guerra terminará cuando Ucrania gane”.

En esta entrevista exclusiva, el internacionalmente reconocido académico y disidente de primer nivel, Noam Chomsky, considera las implicaciones de la postura heroica ucrania en combatir a los invasores rusos hasta el final, y por qué Estados Unidos no tiene prisa por ver el fin del conflicto.

Chomsky, considerado en el mundo como uno de los intelectuales vivos más importantes, es autor de unos 150 libros y ha recibido numerosos premios de prestigio incluido el Premio de la Paz de Sydney y el Premio Kioto (equivalente japonés al Premio Nobel), así como docenas de doctorados honorarios de las universidades más renombradas.

La invasión del presidente ruso Vladimir Putin a Ucrania es un completo desastre para el país báltico, y la guerra no va bien para las fuerzas rusas que sufren graves pérdidas y empiezan a sentir los estragos de la escasez de suministros y la desmoralización. Quizá esta sea la razón por la que el presidente ucranio Volodymir Zelensky, alentado por el apoyo que ha recibido de los países occidentales, proclamó hace unos días en la emisora estatal griega ERT que “la guerra terminará cuando Ucrania gane”.

En esta entrevista exclusiva, el internacionalmente reconocido académico y disidente de primer nivel, Noam Chomsky, considera las implicaciones de la postura heroica ucrania en combatir a los invasores rusos hasta el final, y por qué Estados Unidos no tiene prisa por ver el fin del conflicto.

Chomsky, considerado en el mundo como uno de los intelectuales vivos más importantes, es autor de unos 150 libros y ha recibido numerosos premios de prestigio incluido el Premio de la Paz de Sydney y el Premio Kioto (equivalente japonés al Premio Nobel), así como docenas de doctorados honorarios de las universidades más renombradas.

Chomsky es profesor emérito de MIT, y actualmente, profesor laureado en la Universidad de Arizona.

C.J. Polychroniou: Después de muchos meses de combates, es obvio que la invasión no va de acuerdo con los planes, esperanzas y expectativas del Kremlin. Personalidades de la OTAN aseguran que las fuerzas rusas ya han sufrido tantas muertes como las que tuvieron durante toda la guerra en Afganistán, y la posición del gobierno de Zelensky ahora parece ser “paz con victoria”.

Es obvio que el apoyo occidental a Ucrania es clave para lo que está ocurriendo en el terreno, tanto militarmente como en términos de soluciones diplomáticas. Ciertamente, no existe un camino claro hacia la paz, y el Kremlin ha asegurado que no busca poner fin a la guerra el 9 de mayo (fecha conocida como el Día de la Victoria, que marca el papel de los soviéticos en la derrota de la Alemania Nazi). ¿Acaso no tienen los ucranios el derecho de luchar hasta la muerte antes de entregar cualquier territorio a Rusia, si así lo desean?

Noam Chomsky: Hasta donde sé, nadie ha sugerido que los ucranios no tengan ese derecho. La Jihad Islámica también tiene ese derecho abstracto de luchar hasta la muerte antes de ceder cualquier territorio a Israel. Yo no lo recomiendo, pero es su derecho. ¿Quieren eso los ucranios? Quizá lo quieren ahora, en medio de una guerra devastadora, pero no fue así en el pasado reciente.

El presidente Zelensky fue electo en 2019 con el abrumador mandato de trabajar por la paz, cosa por la que puso manos a la obra de inmediato y con mucha valentía. Tenía que confrontar a las violentas milicias derechista que amenazaban con matarlo si trataba de lograr un acuerdo pacífico apegado a los lineamientos de la fórmula Minsk II.

El historiador especializado en Rusia, Stephen Cohen, señala que si Zelensky hubiese sido apoyado por Estados Unidos, pudo haber persistido y quizá resuelto el problema sin que se llegara a la horrenda invasión. Estados Unidos se rehusó y prefirió adoptar la política de integrar a Ucrania a la OTAN. Washington sigue desestimando las líneas rojas de Rusia y las advertencias de diplomáticos y asesores estadunidenses de alto nivel como lo ha hecho desde que Clinton anuló la firme e inequívoca promesa que Bush hizo a Gorbachov de que, a cambio de la reunificación de Alemania dentro de la OTAN, la alianza no se expandiría una pulgada por fuera del territorio alemán.

Zelensky también, de manera muy razonable, propuso dejar fuera de las negociaciones el tema de Crimea, para ser retomado después, una vez que la guerra terminara.

Minsk II hubiera implicado alguna forma de arreglo federal que concediera autonomía considerable a la región del Dombás, idealmente en una modalidad que fuera determinada por un referendo supervisado internacionalmente.

Las posibilidades han disminuido después de la invasión rusa. Qué tanto, no lo sabemos. Solo hay una forma de saberlo: logrando un acuerdo para impulsar la diplomacia en vez de socavarla como continúa haciéndolo Estados Unidos.

Es verdad que “el apoyo de Occidente a Ucrania es la clave en lo que está ocurriendo en el terreno, tanto en términos militares como en el tema de soluciones diplomáticas”, pero yo sugeriría un leve cambio en la redacción de este enunciado: El apoyo de Occidente, es clave en lo que está ocurriendo tanto en lo militar como en términos de perjudicar en vez de facilitar soluciones diplomáticas que puedan poner fin al horror.

El Congreso, incluidos los representantes demócratas, actúan como si prefirieran la exhortación de Adam Schiff, jefe del comité de inteligencia permanente de la bancada demócrata, quien se dijo a favor de “combatir a Rusia allá, para no tenerla que combatir a Rusia aquí”.

La advertencia de Schiff no es nada nuevo. Evoca el momento en que Reagan declaró la emergencia nacional porque el ejército de Nicaragua podía llegar a Harlingen, Texas, en solo dos días de marcha y por eso estaba a punto de amenazarnos. O cuando LBJ (el presidente Lyndon Johnson) planteó que teníamos que detenerlos en Vietnam pues de lo contrario “van a arrasar Estados Unidos y quitarnos todo lo que tenemos”.

Esa ha sido la permanente situación desesperada de Estados Unidos: constantemente amenazado con la aniquilación. Mejor detenerlos allá, que aquí.

Estados Unidos ha sido uno de los principales proveedores de asistencia en seguridad a Ucrania desde 2104 y la semana pasada el presidente Biden aprobó 33 billones de dólares para Ucrania, que es más del doble de lo que Estados Unidos ya le había prometido desde el comienzo de la guerra. ¿No es entonces razonable concluir que Estados Unidos tiene mucho en juego en cuanto a la forma en que termine la guerra?

Dado que los hechos relevantes son virtualmente inmencionables aquí, vale la pena revisarlos. Desde el levantamiento de Maidan en 2014, la OTAN (interpretada básicamente como Estados Unidos) “ha proveído de apoyo significativo con equipo y entrenamiento: decenas de miles de soldados ucranios han sido entrenados y luego, cuando vimos datos de inteligencia que indicaban que una invasión era altamente probable, los aliados se pusieron alerta en el otoño e invierno pasados”, antes de la invasión, de acuerdo con el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg.

Ya he mencionado la negativa de Washington de apoyar al recién electo presidente Zelensky cuando su valeroso esfuerzo de implementar la paz con la que él se había comprometido fue bloqueado por las milicias derechistas, y Estados Unidos rehusó respaldarlo, pero en cambio prefirió continuar con su política de integrar a Ucrania a la OTAN, sin hacer caso de las líneas rojas de Rusia.

Como discutimos anteriormente, ese compromiso se incrementó con la declaración oficial de Washington de septiembre de 2021, cuando habló de enviar más equipo militar avanzado a Ucrania al tiempo que continuaba “nuestro robusto programa de entrenamiento y ejercicios con el fin de preservar el estatus de Ucrania como nuestro socio con oportunidades incrementadas”. Esta política se volvió aún más formal el 10 de noviembre siguiente con el Estatuto de Sociedad Estratégica con Ucrania, firmado por el secretario de Estado estadunidense Antony Blinken.

El departamento de Estado ha reconocido que “antes de la invasión rusa a Ucrania, Estados Unidos no hizo esfuerzo alguno en abordar la que Putin mencionaba como la más importante de sus preocupaciones de seguridad: la posibilidad de que Ucrania se volviera miembro de la OTAN.

Así, las cosas siguieron después de la agresión criminal de Putin. Nuevamente lo que ocurrió ha sido examinado acertadamente por Anatol Lieven: La estrategia de Estados Unidos de usar la guerra en Ucrania para debilitar a Rusia es, desde luego, totalmente incompatible con la búsqueda de un cese el fuego, o incluso un acuerdo de paz provisional. Esto requeriría que Washington se opusiera a cualquier acuerdo de ese tipo y dejar que la guerra continúe. En efecto, cuando a finales de marzo el gobierno ucranio presentó una propuesta de paz muy razonable, la falta de apoyo que Estados Unidos manifestó públicamente fue impresionante en extremo. Aparte de todo lo demás, un tratado de neutralidad de Ucrania (como el que propuso Zelensky) es una parte absolutamente ineludible de cualquier posible acuerdo, pero debilitar a Rusia requiere mantener a Ucrania como un socio de facto de Estados Unidos. La estrategia estadunidense, como la señala el secretario de Defensa Lloyd Austin, conlleva el riesgo de que Washington se involucre en un apoyo de los nacionalistas ucranios de línea dura quienes se oponen al presidente Zelensky.

Con esto en mente, podemos volver a la pregunta. La respuesta parece simple: a juzgar por las acciones y pronunciamientos formales de Estados Unidos “es prudente concluir que Estados Unidos tiene mucho en juego en cuanto a la forma en que termine la guerra en Ucrania”. Más específicamente, es justo concluir que con el fin de “debilitar a Rusia” Estados Unidos se ha dedicado a un grotesco experimento que hemos discutido anteriormente y que consiste en impedir que el conflicto termine de manera diplomática y ver si Putin se escabulle silenciosamente, derrotado, o recurre a usar toda su capacidad militar, que desde luego cuenta con el potencial de destruir a Ucrania y hacer de esto una guerra terminal.

Tenemos mucho qué aprender de la cultura reinante desde el hecho de que este grotesco experimento es considerado muy loable, y que cualquier esfuerzo por cuestionarlo es marginalizado, o amargamente castigado con un impresionante fluir de mentiras y engaños.

Con imagen e información de La Jornada 

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