La enternecedora historia de Negrita, la perrita repartidora de Perú

Perú.- Esta bella foto del repartidor peruano Piero Jiménez y de su perrita trabajadora ha dado la vuelta al mundo enterneciendo a miles de personas en redes sociales.

No son tiempos fáciles para los repartidores de comida a domicilio. Ellos tienen que estar al pie del cañón, distribuyendo insumos mientras que todos los que podemos nos quedamos encerrados en casa. Tampoco son tiempos fáciles para los perritos y lo gatos: muchos dueños empezaron a abandonar a sus mascotas por miedo de contagiarse, a través de ellas, de coronavirus.

Por supuesto, no se ha comprobado que el coronavirus pueda contagiarse de mascotas a humanos a pesar de que haya casos de gatos y perros que han quedado infectados. Hay que tener esto muy presente porque, según el INEGI, México ocupa el tercer lugar del mundo en maltrato animal.

Por suerte para “Negrita”, Piero Jiménez es una persona de enorme corazón que se dedica a rescatar a perritos en situación de calle. A Negrita, Piero la encontró vagando en una colonia. Tenía apenas cinco meses y, por ser muy juguetona e inquieta había molestado a varios vecinos. La gente de la colonia pensaba sacrificarla, pero Piero se opuso y se la llevó.

“Cómo iban a querer matar a una cachorrita si tiene cinco meses; me dijeron eso, porque era muy juguetona y que una señora peleó con otra vecina porque quería matarla”, contó Piero Jiménez a un medio local de Perú.

Frente a su casa, Piero tiene un gran terreno en el que mantiene, alimenta y apapacha a perritos callejeros. Sin embargo, pagar la comida de tantos perros, por más que sea una pasión y una dedicación de vida, sale bastante caro. Por eso Piero tiene que trabajar sin descanso como repartidor de comida. Ahora, incluso, por la cuarentena por el nuevo coronavirus y las medidas de sana distancia que se han empleado en gran parte del mundo, Piero ha recurrido también a vender cubrebocas.

“Ahora me estoy dedicando a la venta de mascarillas para poder alimentar a los perros que quiero seguir rescatando, pues frente a mi casa tengo un terreno para darles un albergue a los perros que sufren durante la cuarentena”, explicó Piero.

Sin embargo, cada vez que salía de su casa, Negrita se ponía muy inquieta y sufría mucho; tal vez por el recuerdo de los meses que pasó en la calle y los abusos constantes. En cualquier caso, a Piero le parecía cada vez más difícil dejar sola a Negrita. Es por eso que ideó una ingeniosa idea: ¿Qué tal que Negrita lo acompañara a trabajar?

Así que Piero Jiménez modificó una mochila de repartidor, acomodó a Negrita y salió en su motocicleta a trabajar. La perrita estuvo feliz y Piero se libró de la culpa de abandonarla todos los días. Finalmente, el dúo se acostumbró a esta dinámica que ya se convirtió en rutina diaria: ahora Negrita sale todos los días a trabajar con Piero y todos sus clientes se lo agradecen.

En pocos meses pasó de estar en la calle a tener un empleo formal. Nada mal, Negrita, nada mal.

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